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CALIFICACIÓN ENERGÉTICA DE EDIFICIOS

CALIFICACIÓN ENERGÉTICA DE EDIFICIOS ("14-06-2013")

DESDE el 1 de junio, todas las viviendas que se vendan o alquilen en Navarra deberán tener un certificado de eficiencia energética. En pocos años nos hemos acostumbrado a encontrar en la propaganda de electrodomésticos la clase energética a la que pertenecen. Cuando compramos un frigorífico o una lavadora nos fijamos en la marca, el precio, las características y también en la famosa letra; preferimos comprar aquellas calificadas como A o A+. Sabemos que es una inversión: el electrodoméstico es más caro, pero ahorraremos energía y en poco tiempo habremos amortizado el sobrecoste.

Si en una lavadora el gasto energético es relativamente importante, en una vivienda es fundamental. El precio de la luz, el gasoil y el gas se ha disparado durante los últimos años. Si se hace un estudio serio sobre un edificio y se ejecutan las obras correctamente, el dinero invertido se ahorrará muy rápidamente al reducir sustancialmente el consumo de energía. Por todo ello, es más necesario que nunca invertir en mejorar las viviendas existentes. La cuestión entonces es saber si la Certificación Energética es un paso burocrático más o realmente resulta útil.

Contenido del certificado

Todo análisis debe comenzar con la visita de un técnico al edificio. No se puede realizar un análisis ni emitir ninguna clase de certificado sin conocer de primera mano la disposición, características e instalaciones de la vivienda. Tras la recogida de datos comenzará el trabajo del certificador. Los puntos a tener en cuenta son muchos. La envolvente del espacio es solo el comienzo: se analiza el aislamiento de los cerramientos, suelos, cubiertas, particiones interiores y huecos como ventanas o claraboyas. Otra cuestión que se tiene en cuenta es la existencia de puentes térmicos en el edificio: pilares, forjados, cajas de persiana, etcétera. La visita al inmueble sirve además para tomar los datos de posición, tamaño y orientación de todos los obstáculos externos al inmueble que proyectan sombra sobre éste. El siguiente paso es centrarse en las instalaciones del edificio: los equipos de agua caliente, calefacción y refrigeración. Este análisis concluye con la emisión de un certificado con dos partes fundamentales. En primer lugar, califica la vivienda o local, otorgándole una letra (G la peor, A la mejor). Pero lo más importante es que en ese informe se incluyen una serie de propuestas de mejora. Si nuestra vivienda se ha calificado como F por ejemplo, nos propondrá varias alternativas: si mejoramos el aislamiento térmico en el interior del cerramiento alcanzaría la calificación D, si cambiamos las ventanas C y si además sustituimos la caldera de gasoil por un sistema que reduzca las emisiones de CO2, podríamos alcanzar la A. Gran parte de los edificios de Navarra se construyeron hace décadas y no se prestaba atención al aislamiento térmico, por lo que muchas vivivendas obtendrán calificación F o G. Precisamente por eso son importantes los datos que deberá aportar el certificado. El certificado de eficiencia energético debe contener un análisis económico. Se trata de prever en cuántos años se amortizaría la inversión a realizar. Para ello se utilizan datos reales y una previsión de costes de la energía, consumos y tipos de interés. Por ejemplo se propone en una vivienda de los años ochenta instalar una fachada ventilada con aislamiento térmico por el exterior. A partir de los costes de instalación y el precio de la energía, se deduce el número de años en el que se recuperaría la inversión de mejorar el inmueble.

Gasto no, inversión

Pagamos todos los meses las cuotas de comunidad y a menudo nos quejamos de lo altas que son. Gran parte de este dinero se destina al combustible que se consume durante los meses de invierno. Habitualmente en esos edificios sin aislamiento existe calefacción central y se tienen que pagar unas cuotas de comunidad muy altas todos los meses. Y no solo eso, el deficiente sistema de calefacción provoca que en tantos pisos bajos se abra la ventana en invierno por el exceso de calor de las calefacciones centrales. Los propietarios ahorrarían muchísimo dinero si invirtieran en mejorar el aislamiento de sus edificios y adaptaran las instalaciones de calefacción.

El certificado energético aportará a las comunidades de vecinos las pautas con las que ahorrar y por fin, reducir las cuotas de comunidad.

Son todas estas razones económicas, pero hay quien no solo piensa con la cartera. La calificación energética de las viviendas mide las emisiones de CO2. Se trata por tanto de una oportunidad de invertir en mejorar las viviendas, ahorrar dinero y por supuesto estropear lo menos posible el planeta.